3.31.2006

I L N Y 3


todavía no es claro qué ropa se debe usar, pero definitivamente llegó la primavera. la gente sonríe, las chicas están más guapas, como dice alessandro, y es un esfuerzo sobrehumano entrar al edificio a hacer cualquier tipo de trabajo. el masters project está casi casi terminado, y hay un festival de nuevos directores en el moma. i love new york.

3.27.2006

pedro el grande

ayer vi la segunda obra que veo dirigida por pedro y creo que me volví oficialmente su fan. se llama the executioner, y es una mezcla difícil de explicar entre tarantino, oliver stone y alguna radionovela; bueno, hasta cuando al final parece que todo fuera un sueño muy pasado de david lynch. la diferencia es que a lynch lo ve uno en cine y acá los actores le escupen a uno (sin culpa) en la cara. jon kern la escribió y está muy bien tocada, cantada y actuada. queriiiiiiidaaaaaaaa, dime cuando tú vas a volver, aja...

ahora pedro va a bogotá al festival de teatro. a mí también me gustaría.

3.20.2006

Bogotá, de C.


En el centro trabajan lupe y mónica y eduardo y ximena y estudia crista y da clases eduardo otra vez y también camilo y también ramón. esta la tomé la semana pasada, cuando crista me llevó a pasear por el centro. la familia está bien. la vida está bien.

3.02.2006

Paul loves Siri loves Paul

“Disculpe, señor, ¿le puedo pedir que pose unos minutos? Las fotos son para una revista”, dijo en un inglés elemental, con las manos juntas sobre la cámara y su cuerpo moviéndose como en una plegaria.

“¿Cuál revista?”

El fotógrafo contestó una palabra inentendible, seguida de un silencio incómodo de unos cuatro segundos. Alguna gente de la primera fila se rió.

Es de Japón, agregó, esperando que al menos fuera normal no entender nada. Su cuerpo seguía haciendo el mismo péndulo.

“OK, sólo un par”, contestó, al tiempo que giró la cabeza hacia Siri, su esposa. “No me demoro”, le dijo.

Segundos después, el pito de un flash cargándose llegaba desde otra habitación. De lejos, se oía la voz profunda y pausada de Paul Auster. Eran casi las 7:15 de la noche del 16 de febrero y las calles de Park Slope estaban desoladas, aún con rastros de la gran nevada.

Auster regresó después de un par de minutos y se sentó a la izquierda de Siri, junto a una mesa que estaba llena de libros de los dos.

Llegó a la mitad de la conversación entre ella y la librera, amiga de ellos hace más de una década, y la voz de Auster resaltaba entre las de ellas. Yo estaba lejos, pero pude entender varias palabras que él decía: Melville, Dickens, Wilde...

A las 7:18 Auster le dijo a la librera, para que todos oyéramos, que más valía empezar. “La verdad, no creo que venga más gente”. Además del espacio para espectadores de pie, había 64 sillas en el lugar. Más de la mitad estaban vacías.

La librera se acercó y les dijo algo, y ellos se pararon y fueron al segundo piso a esperar. “Las puertas se abrían a las 7 pero la lectura empezaba a las 7:30, creo que hubo un error en la programación”, dijo.

Yo aproveché los 12 minutos para mirar algunos de los libros. Casi todos los de Auster los tenía, y no conocía ninguno de Siri. Me llamó la atención A Plea for Eros, leí la contratapa y lo compré. Me senté, leí varias líneas y luego sonó la madera del piso de arriba mientras ellos se acercaban, bajaban la escalera y regresaban a sus puestos. La presentación la hizo la librera.

Dijo que era amiga de Paul y de Siri hace mucho tiempo y que Brooklyn es como una gran casa, en la que cada edificio es una habitación independiente. Y todos son una gran familia. Al menos, fue breve.

A las 7:33, Siri se paró frente al micrófono y leyó del libro que yo acababa de comprar, que resultó ser su más reciente. Llevaba unas gafas rectangulares y su voz era agradable y un poco suave. Cuando usaba palabras en francés, las leía sin acento.

Durante los 27 minutos que leyó, Auster no le quitó los ojos de encima ni dejó de jugar con el marco de sus lentes, entre los dedos de su mano derecha. Cuando ella imitó a W.C. Fields -uno de los personajes del ensayo que estaba leyendo-, él fue el único que se rió.

Un celular sonó a las 7:55. Durante todas las 7:55. Ella no paró y en algún momento dijo Espero que no sea mi teléfono. Tal vez sí era.

A las 8 en punto, cambiaron de puestos. Él la quiso besar en la boca en medio del aplauso de los poco más de 40 asistentes, pero falló.

Nathan Glass y su sobrino Tom Wood discutían sobre literatura y sobre el oficio de escribir en el capítulo de The Brooklyn Follies que Auster leyó. No hubiera necesitado el micrófono, pero a pesar de la amplificación su voz no perdió calidez.

Siri no lo miraba a los ojos y cerraba los suyos, como si le quedara más fácil imaginarse a su esposo. Como si estuviera oyendo una grabación.

Al final, le acerqué a Siri su libro y me lo firmó, así como Auster puso su nombre en la copia de La música del azar que yo llevé en mi maleta.

Salí casi de último, mientras una mujer bonita empezaba a recoger las 64 sillas. Afuera, el viento olía a agua fría.


2.24.2006

Orfeo

La casa es vieja, medio oscura, caída y es claro que ahí está la bestia, que no sé todavía si es un lobo o un zorro. Yo estoy en la casa de al lado y sé que algo malo pasa en esa casa y no sé bien cómo atacar al lobo-zorro, que es claramente el que causa el mal. La escena cambia y ahora estoy adentro de esa casa. Algo no me gusta -quiero decir, no sólo me asusta sino que no me gusta- y me voy. La escena sigue adentro de esa casa y se sabe que yo ya no estoy. Yo soy otro animal, parece que más pequeño que el lobo-zorro, pero no lo tengo claro. Desde la puerta de la casa vecina puedo ver cómo el lobo-zorro sale y me busca para atacarme. Por primera vez en mi vida adulta, me despierto de un grito.

2.10.2006

"His big head"



"Two men asleep beside each other on a long journey into Africa, literally and thankfully above the thunderclouds. One is fairly clean shaven, papers strewn around him. Matte black suit, eyes slightly hollowed from no sleep, thoughts too big even for his big head. The other is a more bohemian mess. Unshaven, unkempt, he can't just have been up for days, his boyish face says years. An advertisement for why air miles can be bad for your health. When he wakes, an air hostess asks for his autograph. Confused and amused, he points to the geek in the black suit lying among the papers. That's me. Let me introduce myself. My name is Bono and I am the rock star student. The man with me is Jeffrey D. Sachs, the great economist, and for a few years now my professor. In time, his autograph will be worth a lot more than mine."

From the foreword to The End of poverty

Although I think it would actually be cooler to meet Bono, the picture is of (cool enough) Sachs and his "big head" as Bono calls it, and his autograph is in one of the first pages of my copy of The End of Poverty.

1.31.2006

StoryCorps


Esta foto no es mía, me la robé de alguna parte.

Es en Grand Central, cerca de la entrada al track 42. La caja que se ve es un estudio de grabación donde uno puede llevar gente y hacerle entrevistas. Hacerse entrevistas mutuas.

Supe de ella por un profesor. Nos llevó varias grabaciones entre las que estaba la de una entrevista entre una mamá lesbiana y su hija de 10 años.

Do you love me?, le preguntó la niña a su mamá.
With all my heart, and the neighbor's heart, and everybody else's. My love for you doesn't fit in my heart, contestó ella.
(...)
What do you want to be when you grow up?, dijo la grande.
Y la otra, más grande, contestó. When I grow up, I want to be straight.
(risa y lágrimas)

Las entrevistas duran unos 40 minutos y no hay reglas. No hay temas prohibidos y se puede hablar en cualquier idioma. Si uno firma un papel al final, la copia que uno se lleva en CD es copiada otra vez, y va a parar a la Library of Congress. Documento público. Para siempre.

Supe de esto en Agosto y es como si lo hubiera olvidado.
Hace poco entrevisté a alguien (quién, quién, pregunta un despistado en el público).


Si pasan por Washington, nos pueden oír.

martes, 12:10 a.m.

Ya es martes y comí algo que no me sirvió y me siento mal. Papá debe tener miedo y mamá también. Ojalá lean esto y sepan que no deben tener miedo. Yo, en verdad, no debí comerme esa hamburguesa.

Martes de gente con asma en Brooklyn que me acuerda que a Caro le dio asma. Martes de ir a midtown a pelear con un maldito vendedor que sabía que lo que me vendió no sirve para nada, aunque le pedí que no me hiciera perder el tiempo de ir a devolverlo. No le importó. Espero que le pase algo malo.

La energía está bajita pero hay que trabajar. Voy a ver por qué a los de Brooklyn les da asma. Y por qué a mí no.

Mis manos frías sólo sirven para escribir.

(...)

pasó un rato y ya entiendo un poco más sobre el asma en NYC y por qué a mí no me da. mis manos no están tan frías y seguro que si papá está despierto es viendo un partido de fútbol. ya no quiero que le pase nada malo al vendedor; pero me sigue dando rabia que me toque volver y perder tiempo. Bueno... ya van a ser las 2 a.m. Me voy a dormir.