1.31.2006

martes, 12:10 a.m.

Ya es martes y comí algo que no me sirvió y me siento mal. Papá debe tener miedo y mamá también. Ojalá lean esto y sepan que no deben tener miedo. Yo, en verdad, no debí comerme esa hamburguesa.

Martes de gente con asma en Brooklyn que me acuerda que a Caro le dio asma. Martes de ir a midtown a pelear con un maldito vendedor que sabía que lo que me vendió no sirve para nada, aunque le pedí que no me hiciera perder el tiempo de ir a devolverlo. No le importó. Espero que le pase algo malo.

La energía está bajita pero hay que trabajar. Voy a ver por qué a los de Brooklyn les da asma. Y por qué a mí no.

Mis manos frías sólo sirven para escribir.

(...)

pasó un rato y ya entiendo un poco más sobre el asma en NYC y por qué a mí no me da. mis manos no están tan frías y seguro que si papá está despierto es viendo un partido de fútbol. ya no quiero que le pase nada malo al vendedor; pero me sigue dando rabia que me toque volver y perder tiempo. Bueno... ya van a ser las 2 a.m. Me voy a dormir.

1.23.2006

Roll-over

El web site de Continental tiene un mapa que indica en qué lugar del planeta está el avión que uno busca. Ahora, el vuelo 881 está llegando a tierra firme colombiana. Con el mouse, yo jugaba a hacer devolver el avión y que aterrizara de nuevo en Newark.

Numb. Esa es la palabra que mejor define mi estado de 'ánimo'.

1.12.2006

Cold skyline

A pesar de lo que se ve, no nos hizo tanto frío en Chicago. Casi siempre estuvo sobre cero en grados centígrados y además descubrimos que ´The windy city´ se llama así no por el viento (que igual sopla bastante) sino porque los políticos hacían discursos populacheros, gritando y moviendo los brazos, y a ese estilo de apariciones públicas las llamaron ´windy´.

Prácticamente todos los edificios que tienen una placa mencionan en algún momento el incendio de 1871 que acabó con la ciudad, casi toda de madera.

En esta foto, a la izquierda, está el Sears Tower; el que sigue con dos antenas es el de AT&T el rojo es el de CNA, una compañía de seguros (y el favorito de Crista); se ven los dos de The Prudential (uno rectangular y otro que parece un obelisco, en el medio), el Metropolitan Tower, el de Leo Burnett, el Smurfit-Stone (´bajito´, con la punta en rombo), y otros más. Justo sobre los árboles, en la línea del obelisco, se ve el techo del Pritzker Pavilion, diseñado por Gehry. Esto queda en Millenium Park, al lado de la escultura de Anish Kapoor que se llama Cloud Gate, conocida como el Jelly Bean.

Y además de la arquitectura, la ciudad tiene buenos sitios para comer, para bailar y para tomarse un trago.

Lo que se ve congelado en la parte de abajo es Lake Michigan, y cuando el agua se mueve los bloques de hielo se quiebran y se estrellan y suena música.

La foto es tomada desde el planetario, el 26 de diciembre, a la 1:14 p.m.

12.25.2005

Feliz navidad, Mr. Roth

Cualquiera que haya estado cerca a mí durante alguna navidad, (perdón, mamá) sabe que no me gusta. No por ser la navidad especialmente ruidosa, ni por los clichés, sino por lo mismo que odio el día del padre, y el de la madre, y el del amor y la amistad y cualquiera de esas fiestas: por falsas.

Pero tampoco soy Scrooge, a pesar de lo que diga la Rojas. Y esta navidad, a pesar de estar lejos de mi familia y de mis amigos, solo como un hongo en Nueva York, con mi ex novia favorita odiándome hasta los huesos (allá donde está acumulado el frío de estas últimas semanas), creo que puede haber cosas que se le pueden atribuir a la navidad. Desde Auggie Wren hasta Charles Dickens y Homero Simpson, a todo el mundo parece pasarle algo emocionante en alguna navidad.

Esta es mi historia.

Durante la mañana no hice mucho más que empacar mi maleta, ya que el 25 por la tarde viajo a Chicago a verme con Cristina. Eso ya sería suficiente emoción, pero ahora estoy hablando del 24 de diciembre, no del 25.

A las 3, y luego de oír incesantemente la lista ‘New York’ en mi computador (que incluye principalmente a tres cantantes: uno de Brooklyn, uno de Brixton y otro de Montreal), decidí salir a caminar por el Lower East Side. Quería confirmar, con mis propios oídos, si es verdad que there’s music on Clinton Street all through the evening.

No estuve allá sino hasta las 6 así que no pude confirmar nada, excepto que si hay música en las calles seguramente es reggaetón.

Caminé unos 300 metros sobre el Williamsburg Bridge, hasta cuando capté que ese no es el puente que cruza el tren y que me iba a tocar caminar mucho más para llegar a Bedford y coger el L. Me devolví por Clinton y crucé la isla por Houston. Subí a Bleecker por la Sexta, pasé por un mercado de pulgas donde compré un regalo y cogí la línea roja en Christopher, cerca a NYU y al apartamento de Alejandra.

Estaba cansado y no pensé en comer, como cosa rara. Volví hasta la casa, en la 121, después de un viaje largo acompañado por la historia de O. Lectura edificante para sitios públicos...

Empaqué el nuevo regalo y lo acomodé con los demás entre la maleta grande. Vi por segunda vez en dos días Mulholland Drive y me quedó claro que la culpa de todo la tiene Diane. Lo que no tengo muy claro es quién es Diane.

Hacia las 10 de la noche decidí salir a buscar mi banquete navideño. Dados la hora y el desquiciadamente religioso país en el que me encuentro (a pesar de esta ciudad fundada por ateos), opté por acomodarme a lo que encontrara abierto una hora antes de navidad.

Caminé hacia el Apple Tree, que está abierto siempre, siempre, incluso en Thanksgiving, pero estaban cerrando. Sólo pude devolver la película. Después atravesé Columbia y caminé por Broadway hacia el sur, hasta la 111, y lo único que vi abierto en el camino fue Le Monde, un francés que está muy bien de vez en cuando porque es bastante caro. Una hamburguesa para llevar, mientras espero en la barra.

Varias personas me habían saludado en el camino durante todo el día, porque la gente cree que como es navidad está bien hablarles a extraños. Uno hasta me dio un abrazo. Pero en Le Monde la gente es decente, New York Style, y no se mira a los ojos.

De pronto por eso, o tal vez porque alguna mala casualidad lo llevó a estar ahí, mi regalo de navidad estaba sentado en la misma barra tomándose un trago transparente en vaso largo.

Yo sólo esperaba mi hamburguesa y mis papas y alcancé a sentirme patético y triste, casi me atrapa el espíritu de la navidad, pero sólo un momento, porque fue ahí cuando mi mirada se cruzó con la de mi regalo de navidad.

Yo lo reconocí de inmediato porque hace poco leí una entrevista suya en The Guardian y había otra de sus fotos, y creo que a él le sorprendió que alguien lo reconociera en medio de la noche de navidad y en un bar más cerca de Harlem que de cualquier otro barrio. Le sonreí y no le dije nada, y él levantó su trago y brindó conmigo.

Alcancé a pensar el poco sentido que tenía que él estuviera ahí, solo y en una noche ‘especial’. Pero claro, es judío; no, tampoco, también está hanukkah y es sábado por la noche, además él vive en Connecticut o en alguna parte al norte del Bronx.

Pero era él.

Hice una cuenta feliz y rápida y pedí otra cerveza, y me acerqué para brindar con él. Hablamos de cualquier cosa: yo lo único que trataba de evitar era la literatura. No quería que se diera cuenta de que era un fanático de su obra después de haber leído apenas tres y medio de sus libros.

Terminé mi Heineken, llegó mi hamburguesa y puse cara de irme, pero él pidió otro de sus tragos, gin tonic, y me dijo que me quedara. Si señor, con gusto, muchas gracias señor, le dije como 16 veces. Hablamos del frío, de la navidad, de hanukkah. Luego, el ruido se hizo más y más fuerte: faltaban pocos minutos para las 12 de la noche.

Él levantó su vaso otra vez, me miró a los ojos y me dijo feliz navidad. Feliz hanukkah, señor, le contesté.

-No me diga más señor que me siento muy viejo para estar brindando con un extraño. Dígame Philip.

-Está bien, señor. Gracias, ‘Philip’. Pero... ahora me siento raro yo. Partamos por mitad:

Feliz navidad, Mr. Roth.

12.23.2005

Juguete nuevo

Hoy hizo menos frío que de costumbre y aproveché para dar un paseo por Battery Park y jugar con el lente nuevo.

12.20.2005

96 Street, 4:24 a.m. la línea roja del metro


En verdad, son las 2:16 p.m., faltan 5 días para navidad y esto sigue siendo Nueva York. Pero el sistema de transporte está en paro. Yo iba por la noche a la inauguración de la exposición de Ana María Gutiérrez en Brooklyn, en un sitio que quera cerca de Pratt, pero muy lejos de mi casa. Y sin trenes, es imposible llegar hasta allá sin subirse a un taxi. Iré otro día a ver las fotos de Ana María.

12.12.2005

Yo también tuve 25




El jueves pasado se reunieron unas mil personas en la 72 con Central Park West, entre el Dakota Building y Strawberry Fields, para acordarse que John Lennon les hace falta. Cuando eran las 10:50, la hora en la que hace 25 años un fan le disparó, hubo un minuto de silencio.


A las 11:15, la hora en que lo declararon oficialmente muerto el 8 de diciembre de 1980, hubo otro silencio. Yoko Ono apagó las velas que tenía en una ventana que da contra el parque y alguna gente lloró.

12.07.2005

Blanco sobre verde


Ayer el sol no calentó pero dio una muy buena luz durante el atardecer, que cada vez se acerca más a las 4 de la tarde.